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Biografía de Santa Rosa de Lima
 
 
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Biografía de SANTA ROSA DE LIMA

• Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso

Un 24 de agosto de 1617, como ella misma lo anunció, murió Isabel Flores de Oliva, a los 31 años de edad, conocida como «Rosa», sobrenombre con que la llamaban su madre y San Toribio de Mogrovejo, Arzobispo de Lima. Más aún, la Santísima Virgen lo confirmó: «Es mi voluntad que te llames Rosa de Santa María».

Desde niña fue excepcional; tenía gran inclinación a orar y a meditar. Le pareció alguna vez escuchar que el Niño Dios le decía: «Rosa, conságrame a Mí todo tu amor», y Ella lo hizo. Se cuenta además que era bellísima, pero un día escuchó a su hermano mayor decir que los hombres se enamoraban perdidamente de una larga cabellera y un cutis hermoso, y ni tarda ni perezosa, cortó su larga trenza y cubrió su rostro con un manto.

De joven quiso entrar a un convento, pero el Señor de la Mies le indicó que ésa no era su vocación: mientras ella le pedía de rodillas que le concediera su deseo, no podía levantarse ni con ayuda de su hermano. Pero en cuanto confesó a la Virgen: «Oh Madre celestial, si Dios no quiere que vaya a un convento, desisto de la idea», pudo ponerse en pie. El Señor le mostró una mariposa blanca y negra, como el atuendo de las terciarias seglares de la Orden de Santo Domingo, quienes por lo general permanecen en sus hogares, y adoptó como modelo a la también terciaria Santa Catalina de Siena.

Rosa fue notable por su oración y las durísimas penitencias que se imponía; era un alma dedicada a la meditación. En Lima existe todavía el huerto de su casa paterna, donde ella se hizo un «refugio» para su vida de retiro. Hubo tiempo en que el pueblo la llamó «santa» con sorna, pero ella demostró ser «de este mundo» cuando a su padre le fue mal en un negocio: cultivó el huerto y bordó durante largas horas para «meter el hombro» con los gastos familiares.

Así, en retiro y como terciaria, pasó los últimos siete años de su vida. En sus momentos de soledad espiritual, preguntaba al Señor: «¿A dónde vas cuando me dejas sola en estas terribles tempestades?» Al final de su vida, confesó: «Nunca pensé que una persona tuviera que sufrir tanto; pero Jesucristo me concede valor para soportarlo todo». Y todo lo ofrecía por la conversión de los pecadores. Si al principio la gente llegó a burlarse de sus «exageraciones», al final estuvo convencida de su santidad.

Murió el día de San Bartolomé, después de larga y penosa agonía. Su entierro fue solemne, con la asistencia de los canónigos de la Catedral de Lima, los oidores de la Audiencia, religiosos de los conventos y el pueblo.

Muchos peruanos y extranjeros visitan su santuario y su huerto, pues es grande la fama de los milagros concedidos por su intercesión.

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Doy Gracias al Señor de la Divina Misericordia por los favores recibidos en bien mío y de mi familia.

E.C.G
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